miércoles, 21 de marzo de 2012

MI AMOR DESPRECIADO CAPITULO 21

Esta historia le pertenece a Kassi en su blog “Luz de cristal”
Espero que os guste y dejéis vuestros comentarios.
Contiene un ligero LEMON

MI AMOR DESPRECIADO 

SUMMARY: Definitivamente me pasaba algo malo, ¿de verdad quería a mi mejor amigo, a mi casi hermano?, la única respuesta que había era clara. SI, LO QUERÍA....Secuela de Odiando a mi amado. 

CAPITULO 21

POV Nessie

Me desperté en los brazos de Robert, arropada por su cuerpo, sintiendo aun su calor, aquel de la noche anterior, como su piel sudorosa se pegaba a la mía, mientras disfrutábamos; al recordar aquello mi cuerpo se volvió a encender, pero no me importo y recordé de nuevo como hicimos el amor varias veces hasta que ya los dos no pudimos más. Desde que nos unimos los dos formando uno, desde ese momento éramos uno, o eso sentía yo.

-Buenos días mi princesa-dijo él, abriendo los ojos y besando la comisura de mis labios, su cuerpo se estiro junto al mío, haciendo que su sexo que había despertado ya hacía rato se pegara a mi muslo provocándome un gran sofocón.

-Buenos días mi amor-le conteste rodeando su cuello con mis manos y volviendo a unir nuestros labios, gemí en sus labios ante el contacto de su mano en mi trasero acercándome más a él.

-Amo el contacto de tu cuerpo, el sabor de tus labios y tu piel-murmuro Rob en mi oído, yo me estremecí y pasé mi pierna por encima de su cadera dándole permiso para entrar en mí.

-No amor, no es hora de eso-dijo besando mi entre pecho acariciando mi muslo.

-¿Por qué no?-pregunte acercando mi entrada a su pene, haciéndole temblar ligeramente; sabia que le estaba tentando y que hacía uso de todo su autocontrol en aquel momento para no echarse sobre mí.

Por ello me miro a los ojos suplicando por que tuviera algo así como piedad por él, sonreí por su cara.

-Ok, parare por ahora-bese su mejilla, su mentón y sus labios con infinito amor y él en respuesta me abrazo poniéndome encima de él, de aquella manera podía escuchar su corazón.

-Igual no es el lugar ni el momento adecuado pero...Nessie..-dudo un segundo antes de seguir hablando-¿quieres casarte conmigo?-su corazón se acelero en espera de mi respuesta, mi corazón tampoco pudo seguir tranquilo por mucho tiempo más. Alcé mi cabeza para poder mirar sus ojos observadores.

-Robert-se me salto una lágrima, ¿en serio estaba pasando aquello?-si, quiero casarme contigo, claro que lo quiero-le dije segura, clara y lentamente.

Nos unimos entonces en un abrazo infinito mientras nuestros corazones latían a un mismo compás.

-Se que todos deben decir lo mismo pero..en serio, lo juro, me haces el hombre más feliz del mundo-murmuró Rob en mi oído, yo sonreí; como siempre nos era indiferente los demás pues decíamos lo que debíamos decir o lo que queríamos sin más, aún no me quedaba claro porque me dejo pero tampoco me importaba en ese momento puesto que ahora estaba con él, pero  aun así el pareció leerme el pensamiento y saco aquel tema a la luz.

-Ness te diré porque no te mencioné antes lo que sentía por ti…-yo observe su cara con lentitud, sus facciones estaban contraídas en una mueca.

-Dime entonces…-le apuré; estaba nerviosa por todas aquellas veces que recordaba cómo había acabado pensando que yo no servía de nada, que él no me quería por cómo era…El Por qué de aquel momento en el que me dejo me había estado atormentando mucho tiempo, haciendo que tomara algunas decisiones incorrectas en mi vida…pero suponía que eso ya no importaba, estando con él aquí y ahora, con la verdad a punto de salir a la luz.

-Es que verás…realmente me avergüenza decírtelo, parece una estupidez y probablemente lo sea..Bueno sé que lo es, dejarte por tanto tiempo por eso fue una verdadera estupidez-parecía nervioso cuando estaba hablando, pero yo solo estaba concentrada en su cara, en cómo sus labios se movían rápidamente y sus brillantes ojos me miraban con adoración esperando que con aquella explicación yo no me molestara con él-el caso es que te deje porque pensaba que yo no era lo suficientemente bueno para ti; que por no se rico no te merecía, puesto que no era de la alta sociedad ni nada de eso…-me miro triste, con los ojos vidriosos y yo solo me pude tirar sobre el sonriendo triste al verle y abrazarle con toda mi alma; no era que solo me transmitiera ternura, era la manera en la que lo dijo, como si por no tener dinero no pudiera ni siquiera aspirar a estar cerca de mí, aquella era una idea absurda que él se había creado.

-Jamás, ¿me oyes? Jamás vuelvas a pensar que tu no me mereces, eres lo que más deseo en este mundo, eres lo que más amo, y si tu no me mereces..¿Qué me voy a merecer?; no hay nada ni nadie mejor para mí que tú-le susurré sobre su oído.

Note como algo húmedo resbalaba por mi mejilla mojándola, y poco después lo que supuse serían lágrimas bajaban a raudales por sus mejillas cayendo en mi hombro, recorriendo parte de mi espalda.

-¿Estas llorando?-le pregunté separándome de él para mirarle a los ojos.

-Sí, es que se me metió algo en el ojo-bromeó, yo reí un poco bajito y me acerqué a él cerrando mis ojos hasta juntar nuestros labios, era todo lo que necesitaba, eran tan reconfortante solo aquel gesto.

-Nunca te dejaré sola…pero ahora tengo que ir a preparar algo-rió saltando de la cama y poniéndose la ropa rápidamente, no entendí bien la frase, solo suponía como siempre que sería una de sus tantas sorpresas.

-Te esperaré en casa-le dije, besando sus labios antes de irse, salió corriendo por la puerta, con los pelos revueltos, la ropa mal puesta y escuche como de la cocina tomaba algo, una fruta quizás, luego cerró la puerta de un portazo y me quedé sola en la casa, dejándome con mis pensamiento; estaba decidida a que ese día fuese un gran día; así que me levanté de la cama y fui a la cocina para desayunar algo.

Estuve allí observando todo a mi alrededor, y fijé mi vista en la ventana, más allá del cristal el día se veía hermoso, las luces del alba iluminaban el cielo y le daban un aspecto más feliz mientras que en mi interior una sensación nueva explotaba, como de profunda satisfacción; mi nerviosismo era solo una pequeña parte de todo lo que sentía en aquel momento.

Tras dejar de observar el exterior, tome una fruta y comencé a comérmela mientras iba al cuarto a limpiar un poco, ya que esta podía ser mi nueva casa durante un buen tiempo.

POV Robert

No era solo que todo me hubiera salido bien, si no que ahora tocaba la gran sorpresa y no tenía nada, bueno casi nada…había conseguido que el cura del pueblo accediera a casarnos más tarde y tal y como yo quería vendría a nuestra casa, frente al océano, en la playa casarnos; así que fui rápidamente a por unas flores, el ramo era preparado casi al instante pagado con el dinero que tenía guardado, lo metí en el coche y fui a por una camisa limpia, sabía que ella no tenia vestido de boda ni mucho menos pero si lo tenía blanco y yo no tenía dinero para poder derrochar, debía ahorrarlo si lo que queríamos era vivir juntos así que fui a por una camisa de caballero lo suficientemente elegante como para poder llevarla.

Supuse que era más de medio día cuando llegue frente a la iglesia de nuevo y le pedí cordialmente al cura que me acompañase en mi coche hasta la casa para casarnos, el accedió encantando; era un señor mayor, con una sonrisa afable y de corazón tímido y fuerte, era precisamente el tipo de persona con las que a mí me gustaba tratar; le agradecí infinitamente las molestias que se estaba tomando mientras iba por la carretera hacia mi hogar pensando que aunque aquello pareciera una locura era lo correcto.

-Padre, ¿Qué pasa si no tenemos testigos de nuestra unión?-me preocupé entonces.

-No te preocupes hijo, solo será un par de firmas por vuestra parte y con mi sola presencia tendréis el apoyo de la Iglesia, del estado y lo más importante de Dios- dijo sonriente, yo asentí; en todo el camino de vueltas apenas cruzamos un par de palabras más, marcando lo que debíamos hacer o lo que se encontraría al llegar a la casa. Sí, porque ella no tenía idea y no la tendría hasta que llegáramos.

-Pero..la edad-le murmuré entonces.

Sonrió como quien no quiere la cosa y me miro sobre su hombro.

-Sabes lo que haces hijo mío, estas uniendo tu vida a la de un bello ser humano, una mujer que te amara el resto de sus días, sin cobrarte nada más que amor a cambio, sabes cuáles son tus responsabilidades..¿porqué lo sabes, no es cierto?-contestó el cura; yo le miré brevemente y luego seguí mirando la carretera mientras conducía.

-Si que lo se padre, es la mujer más hermosa que he conocido nunca, prácticamente lo hemos vivido todo juntos, hasta recuerdo cuando tuvo su primera vez-tosí como avergonzado por lo que dije sin querer- bueno, yo dormía junto a ella como mi mejor amiga y simplemente sangro-sonreí. El cura no mencionó mas palabra solo asintió y pareció adentrarse en sus pensamientos más profundos mientras así que lo demás lo deje estar.

Unos minutos después aparqué el coche frente a la casa, y tome todas las cosas para la boda, con mis únicas dos manos mientras le daba indicaciones al cura para que nos esperara en la playa, solo unos minutos le prometí pero el asintió y me dijo que le vendría bien relajarse frente a las olas del mar, mirando hacia el cielo infinito en el que se encontraba su Señor.

Con nuestra ropa en una mano y las flores en la otra, me acerqué a la puerta de la casa, escuchando los pasos rápidos de la mujer que amaba, en unos segundos abriría la puerta y me vería allí plantado, no sabía cómo reaccionaría pero estaba seguro de que aquel mismo día ella y yo seriamos nos desposaríamos.

Al notar que una luz aun más clara me daba en los ojos estuve seguro de que fue que la puerta se había abierto y que ella estaba parada allí mirándome, yo subí mi mirada y la observe como en todo su esplendor, llevaba puesto uno de sus vestidos más livianos, la tela era clara, color crema y hacia que su piel casi se mimetizara con ella, como exponiéndola apetitosa frente a mí pero no me concentre en eso si no en el rubor que comenzó a tintar sus mejillas, era tan perfecta que la más bella y exótica de las mujeres a mis ojos abría quedado reducida a nada si tenía que competir con ella.

-¿Esto..esto que es?-preguntó incrédula mirando todo lo que yo llevaba en las manos.

-Esta es la ropa que nos pondremos ahora-me acerqué a ella y bese lentamente sus labios, ella estaba quieta un signo de que aun no reaccionaba del todo, puse en una de sus manos su vestido y las flores que debía de llevar más tarde-Vamos..Rápido, el cura nos espera en la playa..Vamos a casarnos hoy y ahora-yo reí por su cara, ella enarcó una ceja.

-No puedo creerlo-rió recuperando la conciencia y se apresuro a correr hacia la ventana de la cocina, desde donde podía verse la playa, allí vio como el cura avanzaba hacia la orilla, consumido por sus pensamientos.

-Yo..-se dio la vuelta- Robert te amo..-solo pudo decir, eso yo lo sabía perfectamente después de todo lo que habíamos hecho junto pero escucharlo de sus labios era solo un síntoma más de que la sonrisa de enamorado no me la quitaría nadie.

-Yo mas mi amor..y ahora vístete-le dije, fui a nuestra habitación cambiándome de camisa y poniéndome un pantalón más apropiado para la ocasión, tomé la única corbata que tenía en mi equipaje y me la puse como pude; pues no entendía muy bien como se colocaba, pero lo hice como pude, el nudo parecía estar en su lugar así que me sentí orgulloso de mi mismo al salir a la sala y ver todo lo que yo solo había conseguido en un par de días, era simplemente asombroso.

Me di la vuelta al escuchar unos pasos leves, titubeantes, era ella; se movía con gracia ahora esplendida con su vestido blanco de boda, se había dejado el pelo suelto pero recogiendo un par de mechones de su cabello de forma que su cara quedara bien a la vista y esos hermosos ojos que yo amaba; pero solo podía observar su sonrisa, mientras se acercaba a mí; sin duda yo era solo un muñeco en sus brazos, pues ella podía mandarme a contar una por una todas las estrellas y yo lo haría si era necesario para poder tenerla.

-Es hora..de nuestra boda-dijo tomándome de la mano.

-A partir de ahora y para siempre seré solo tuyo-le prometí.

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