lunes, 5 de noviembre de 2012

LA DANZA DE LA NOCHE CAPITULO 2



Esta adaptación le pertenece a María del blog “Letras de hielo y fuego”
Espero que os guste y dejéis vuestros comentarios.

LA DANZA DE LA NOCHE
Summary: El pasado de la bailarina Bella Swan la preparó para enfrentarse a casi todas las situaciones, incluso al hecho de que su pareja de baile, el distante Edward Cullen, fuera un vampiro pelirrojo de trescientos años de edad. Aun así, cuando Bella volvió a sufrir el acoso del hombre de sus pesadillas, le sorprendió comprobar que la única persona en la que podía confiar era Edward..

CAPÍTULO 2

Edward esperaba en el estudio, con unos pantalones cortos y una camiseta sin mangas. La mujer todavía no llegaba tarde. Llegaría puntual. Necesitaba el trabajo.

Él la había seguido a casa la noche de la audición. Había sido precavido durante todo el tiempo que había sido vampiro, y eso lo había mantenido con vida durante más de doscientos setenta y cinco años. Una de sus medidas de seguridad era asegurase de que conocía a la gente con la que se relacionaba, así que Edward estaba decidido a saber más sobre aquella Bella.

No sabía que pensar de ella. Era pobre, obviamente. Sin embargo, había dado clases de baile durante años, tenía un buen maquillaje, un buen corte de pelo, y el inglés de los privilegiados. Sería un operativo de incógnito de algún tipo? Si lo era, no habría aprovechado la oportunidad para trabajar para Black Moon, la única empresa de Jessica que podía ser remotamente interesante? Quizá fuera una niña rica corriendo una aventura perversa.

Durante sus cincuenta primeros años como vampiros, Edward Cullen había hecho lo posible para esconderse en el mundo de los humanos. Se había mantenido apartado de los de su clase. Cuando estaba con ellos, la tentación de explorar su propia naturaleza era demasiado fuerte. Edward había sido abandonado por el hombre que lo había convertido en lo que era. No había tenido oportunidad de aprender las normas básicas de su condición. En su ignorancia, había matado a infelices en los barrios bajos de Dublín. Poco a poco, había aprendido que no era necesario matar a sus víctimas. Con un trago de sangre podía sobrevivir, si lo tomaba todas las noches. Había aprendido a usar sus influencias vampíricas para borrar recuerdos de las víctimas, y había aprendido a borrar sus propias emociones casi con igual éxito.

Después de cincuenta años, más fuerte, más frío, había comenzado a frecuentar la compañía de otros vampiros. Se había enamorado un par de veces, y siempre había terminado mal, fuera la mujer en cuestión vampira o humana.

Su nueva pareja de baile, aquella Bella, era hermosa, una de las mujeres más bellas que había visto en siglos. Edward podía admirar su belleza sin dejarse influir por ella. Sabía que pasaba algo con aquella chica, que tenía algo oculto en su interior. Se encogió de hombros. Fuera cual fuera su secreto, él terminaría averiguándolo. No estaba impaciente por aquella revelación. Quería bailar con ella durante mucho tiempo; era flexible y dócil entre sus brazos, olía bien, y el balanceo de su espesa melena caoba la producía una punzada de dolor en el pecho.

Aunque intentó negárselo, Edward estaba deseando probarla más de lo que hubiera deseado ninguna otra cosa durante décadas.

La sala de ensayos era un gran estudio detrás de la habitación donde había conocida a Jessica y a los demás. Había una hoja con un horario, y en el hueco de las seis y media hasta las ocho en punto estaba escrito Edward/Bella. Rosalie y Emmett iban a ensayar después de ellos, leyó Bella.

Estaba nerviosa por el hecho de encontrarse a solas con el vampiro. Él la estaba esperando, igual de callado e inmóvil que dos noches antes. Como precaución, Bella se había puesto un colgante con un crucifijo bajo su viejo maillot gris. Había llevado zapatillas de ballet, zapatos de claque y zapatos de tacón. Asintió a Edward a modo de saludo, y dejó los tres pares en el suelo.

-No sabía que ibas a querer ensayar- le dijo

-Por que son diferentes las iniciales?- preguntó él, y para su consternación, Bella se dio cuenta que le gustaba su acento irlandés.

-A que te refieres? Ah, a la bolsa de los zapatos?

-Cual es tu nombre verdadero?

Bella lo miró. Él tenía los ojos, muy verdes y brillantes, fijos en ella en aquel momento, pero no estaba intentado hipnotizarla, o hacer lo que hicieran los vampiros.

-Es un secreto- dijo ella, como una niña

-Como te llamas de verdad?

Él le hablaba con calma, pero estaba claro que iba a seguir insistiendo. En realidad, Bella no lo culpaba. Era su pareja de baile. Debería saberlo.

-Isabella Marie Swan.

-De acuerdo- dijo él. Donde viven tus padres ahora?

-Murieron- dijo ella, y él supo que había mentido.

Y, aunque tendría que probar su sangre para estar seguro, Edward sospechó que su nueva pareja de baile vivía con miedo.

Después de hacer el calentamiento, su primer ensayo fue bastante bien. Siempre y cuando se concentrara en el baile, la conversación era fácil. Cuando tocaban un tema más personal, no lo era.

Edward le explicó que casi nunca los llamaban para bailar claque.

-La gente que nos contrata quiere algo llamativo o romántico- dijo- Quieren una pareja que baile tango, o una pareja que haga piruetas, para los bailes de beneficencia. Si es algo como una fiesta de petición de mano, o una aniversario, quieren un baile sexy, lento, que termine con el mordisco.

Bella admiró la forma tan impersonal que tuvo que decirlo, como si los dos fueran profesionales en aquello, como actores ensayando una escena. De hecho, aquello era lo más apropiado.

-Nunca lo he hecho- dijo- Lo del mordisco. Ah... siempre muerdes en el cuello?

-Es lo que les gusta al público. Es como mejor se ve, y es tradicional. En la vida real, si es que yo puedo usar esa expresión, podemos morder en cualquier sitio. Las mayores arterias están en el cuello y la ingle, así que son los lugares preferidos. No es mortal. Solo necesitamos una o dos gotas. No necesitamos mucho a medida que envejecemos.

Bella se dio cuenta de que palidecía. Aquello era lo mismo que había averiguado en el ordenador de la universidad, aunque se había sentido obligada a pedirle a Edward que le confirmara lo que había leído. Necesitaba saber todo aquello, pero estaba azorada, como si estuviera hablando de posiciones sexuales.

-Vamos a probar con un tango- dijo Edward, y Bella se puso los zapatos de tacón- No puedes llevar un tacón más alto?- le preguntó su pareja.

-Si, puedo bailar con más tacón, pero eso me pondría más cerca de tu altura, no te parece?

-No soy orgulloso- dijo él con sencillez- Lo más importante es la imagen.

Aristócrata o no, era un hombre práctico. Para agrado de Bella, Edward continuó siendo una gran pareja. Era muy profesional y paciente, y como ella tenía un poco olvidado el tango, le agradeció su tolerancia. A medida que continuaba el ensayo, Bella tomó confianza, y ella comenzó a disfrutar mucho.

Hacía tanto tiempo que no se divertía...

Terminaron con un baile de relajación, una canción romántica de los años cuarenta interpretada por una gran orquesta de jazz. Cuando la música estaba terminando, Edward dijo:

-Ahora te inclino- la bajó hasta que su espalda estuvo casi paralela con el suelo, y la mantuvo en aquella posición- Y entonces, te muerdo- le explicó, e hizo ademán de morderle el cuello. Sintió como ella se estremecía, y esperó a que se calmara, pero al ver que no lo conseguía, la irguió.

-Podríamos tener una actuación este fin de semana, si te parece que puedes hacerlo- le dijo- Tendríamos que practicar todas las noches, y tendrían que arreglarte los trajes.

Bella se sintió aliviada por tener un tema de conversación seguro. Rosalie y Emmett estaban juntos en la puerta, esperando su turno de ensayo. Ambos estaban escuchando con interés.

-Jessica ha dicho que había un armario de trajes, no es así?

-Te lo enseñaré- le dijo Edward

Después de haber echado un vistazo en la oficina de Jessica, en la que los trajes estaban colgados en percheros móviles, Bella fue al servicio. Mientras se estaba lavando las manos, entró Rosalie. La joven rubia estaba muy contenta. Tenía las mejillas sonrosadas y una gran sonrisa.

-Tengo que contártelo- le dijo a Bella- Me alegro muchísimo de que eligieras a Edward. A mí siempre me ha parecido muy guapo Emmett, y Edward es muy frío.

-Cuanto tiempo llevas bailando para Jessica?- preguntó Bella. No quería hablar sobre su pareja de baile.

-Oh, un año. También tengo un trabajo de día, como administrativa en una aseguradora, pero ya sabes lo difícil que es mantenerse. He venido a vivir a Rhodes porque pensé que una ciudad del interior del país sería más barata que cualquiera en la costa, pero para una chica sola es difícil ganarse la vida.

Bella estaba de acuerdo.

-Me resulta difícil entender por que trabajan en esto los vampiros- dijo

-También tienen que vivir. La mayoría de ellos también quieren un sitio agradable para vivir, ropa limpia y todo eso.

-Supongo que siempre he pensado que todos los vampiros son ricos.

-No, no. además, Emmett solo es vampiro desde hace veinte años.

-Vaya.

-Está muy abajo de la jerarquía- explicó Rosalie- Lo que es raro es encontrar un vampiro tan viejo como Edward que baile. La mayoría de los vampiros tan mayores pensarían que trabajar para una humana no es digno de ellos- dijo, y parecía que sentía un poco de desprecio por Edward.

Bella dijo:

-Que tengas un buen ensayo, Rosalie. Nos vemos pronto.

-Claro- dijo Rosalie- Buen fin de semana.

Bella no quería ser brusca, pero le tenía simpatía a Edward. Igual que ella, se ganaba la vida con algo que hacía bien, y no tenía un orgullo tonto por ello.

Aquella simpatía se desvaneció la noche siguiente, cuando Bella descubrió que él la estaba siguiendo a casa. Después de bajar del autobús, tuvo un brevísimo atisbo de Edward cuando se dirigía a su edificio. Subió los escalones todo lo rápidamente que pudo, e intentó actuar con normalidad mientras abría la puerta del portal y se dirigía hacia su diminuto apartamento. Cerró de un portazo, con el corazón acelerado, y con gran cautela, dejó las luces apagadas y se acercó a la ventana. Lo vería fuera, mirando hacia arriba. Lo sabía. Lo sabía todo.

Pero él no estaba allí. Bella miró bien, pero Edward no estaba allí.

Se sentó en la única silla que tenía, para poder pensar. Era posible que se hubiera equivocado? Si hubiera sido una mujer con menos experiencia, quizá hubiera podido convencerse de ello, pero hacía mucho tiempo que Bella había decidido fiarse de su instinto. Había visto a Edward. Quizá él quisiera saber más de su pareja de baile. Sin embargo, no había seguido vigilándola una vez que ella había entrado en su apartamento.

Tal vez la hubiera seguido para asegurarse de que llegaba a casa sana y salva, no para espiarla.

Bella tuvo problemas para concentrarse a la mañana siguiente en su clase de historia de las islas británicas. Todavía estaba preocupada, y no sabía si debía enfrentarse a Edward o mantenerse en silencio. Cuando anocheció, se puso en camino hacia el ensayo con un sentimiento de ira.

Durante todo el camino hasta New Moon se preguntó si debía enfrentarse a su pareja de baile. Sin embargo, necesitaba aquel trabajo desesperadamente, y bailar le encantaba. Y aunque le avergonzaba reconocerlo, era muy agradable poder ponerse guapa como fuera posible, en vez de ocultarse como siempre.

Bella llegó a un compromiso consigo misma: si Edward se comportaba adecuadamente durante aquel ensayo, si no le hacía preguntas personales, dejaría el asunto. Bailaría aquel viernes y ganaría dinero.

No pudo evitar sentir furia cuando entró en la sala de ensayo y lo vio, pero él la saludó con calma, y ella contuvo la rabia.

El baile fue muy bien aquella noche; Bella estaba nerviosa, y eso debió de mejorar su actuación. Edward le corrigió un par de posiciones de los brazos, y ella cumplió cuidadosamente con sus sugerencias, e hizo algunas también.

Si Edward la siguió hasta casa aquella noche, Bella no lo vio. Comenzó a relajarse con respecto a la situación.

La noche siguiente, él la mordió.

-Es mejor que la primera vez no suceda delante de todo el público- le dijo- Podrías ponerte a gritar, o desmayarte. Vamos a repetir lo que hemos estado trabajando, ese dúo de rumba de salón.

-Que es, posiblemente, el baile sexy más manido del mundo- dijo ella, deseosa de pelearse con él para disimular su nerviosismo.

-Por un buen motivo- replicó Edward

El dúo en el que había estado trabajando tenía pasos de ballet moderno. Comenzaron con Edward aproximándose a Bella gradualmente, mostrando con los movimientos del cuerpo y de las manos lo mucho que querían tocarse. Finalmente, se entrelazaron en una maravillosa unión de brazos y piernas, y Edward la bajó hasta que Bella estuvo en la misma posición en la que había estado durante el ensayo de la noche anterior.

-Esta vez vamos a bajar mucho- dijo él- Mi rodilla derecha tocará el suelo, y tú deberías extender las piernas en paralelo a mi pierna izquierda. Rodéame el cuello con el brazo izquierdo. Extiende el derecho.

-Y puedes sujetarme así? No quiero terminar en el suelo.

-Si apoyo la mano derecha en el suelo, puedo sujetarnos a los dos.

-Tú eres el vampiro- dijo ella, encogiéndose de hombros.

-Que te he hecho yo?- preguntó él, dolido.

-No sabía que tú ibas a ser el jefe.

-Acaso prefieres estar tú al cargo?- le preguntó Edward con frialdad.

-No- respondió ella rápidamente- Es solo que..

-Que?

-Nada! Nada! Vamos a hacer el maldito final!- exclamó ella con ansiedad.

Se colocó en posición de una manera muy precisa. Él le tomó ambas manos y se la apretó contra el pecho. Sus ojos se clavaron en los de ella. Por primera vez, en su rostro se reflejó algo distinto a la indiferencia.

“No ha sido muy inteligente por mi parte pelearme con él justo antes de que me mordiera” pensó Bella. Sin embargo, la música comenzó a sonar. Con resignación, Bella se movió con el vampiro hasta el final del baile, y entonces, él la inclinó hacía atrás con elegancia, y ella le rodeó el cuello mientras extendía el brazo derecho hacia atrás, dibujando un línea magnífica. Edward estaba inclinado sobre ella, y ella le vio los colmillos y dio un respingo, sin poder evitarlo.

Entonces, él la mordió.

Todos sus problemas desaparecieron, todos sus músculos se relajaron, y ella se sintió completa de nuevo. Su cuerpo era perfecto, estaba intacto.

En un instante, Bella estaba llorando, sentada en el suelo con las piernas cruzadas. Edward estaba sentado a su lado, con el brazo sobre sus hombros.

-Ya no volverá a ser así- le dijo en voz baja, cuando estuvo seguro de que ella lo entendía.

-Que ha pasado? Es así para todo el mundo?- preguntó Bella, mientras se secaba las mejillas con el pañuelo que la había dado Edward.

-No. la primera vez puedes ver lo que te hace más feliz. La próxima vez será más agradable, pero no tan abrumador.

Bella se alegró de que le hubiera mostrado en privado como era aquello. Claro que tampoco Edward hubiera deseado que ella se desmayara en la pista de baile. Habría quedado como una estúpida, y él también.

-Sabes lo que estoy sintiendo?- le preguntó, y giró la cara para mirarlo a los ojos.

Él no rehuyó la mirada.

-Si, de un modo apagado. Distingo si eres feliz, o si estás triste, al morderte.

Edward no le dijo que a partir de aquel momento, siempre sería capaz de saber como se sentía. No le dijo que le había sabido más dulce que el recuerdo que tenía de la miel, más dulce que ningún otro humano al que hubiera mordido en la vida.

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