lunes, 12 de noviembre de 2012

LA DANZA DE LA NOCHE CAPITULO 3



Esta adaptación le pertenece a Maria en su blog “Letras de hieloy fuego”
Espero que os guste y dejéis vuestros comentarios. 

LA DANZA DE LA NOCHE
Summary: El pasado de la bailarina Bella Swan la preparó para enfrentarse a casi todas las situaciones, incluso al hecho de que su pareja de baile, el distante Edward Cullen, fuera un vampiro pelirrojo de trescientos años de edad. Aun así, cuando Bella volvió a sufrir el acoso del hombre de sus pesadillas, le sorprendió comprobar que la única persona en la que podía confiar era Edward..


CAPÍTULO 3

Bailaron juntos durante más de dos meses antes de que Edward descubriera algo más sobre Bella. Él quería llamarla Isabella Marie, su nombre verdadero, pero ella le dijo que lo olvidara y la llamara Bella, como el resto de la gente.

Edward la seguía a casa todas las noches. No estaba seguro de si ella lo había visto aquella segunda noche, pero se encargó de que no volviera a verlo nunca más. Tuvo mucho cuidado. Solo quería cerciorarse de que ella llegaba sana y salva a su apartamento, pero inevitablemente, analizaba lo que veía y sacaba sus conclusiones.

De todas aquellas noches, Edward solo la vio hablando con alguien una vez. Tarde, un miércoles por la noche, había un joven sentado en los escalones de su portal. Edward se dio cuenta del momento exacto en que ella lo vio. Bella aminoró el paso notablemente. Para entonces, Edward la había mordido cinco veces, y la entendía muy bien, tanto, que percibió un ligero estremecimiento que hubiera pasado desapercibido para el resto de la gente.

Edward se deslizó por entre las sombras silenciosamente, y se colocó cerca de ella, para poder ayudarla si era necesario.

-Hola, Tyler- dijo Bella

-Hola, Bella. He pensado que podríamos... si no estás ocupada... te gustaría ir a tomar un café conmigo?

El hombre se puso de pie, y a la luz de la farola, Edward vio que era un joven, un poco mayor que el típico estudiante. Quizá tuviera veintiocho o veintinueves años. Era muy delgado, pero atractivo de un modo solemne.

Bella se quedó quieta durante un segundo, cabizbaja, como si estuviera pensando lo que iba a hacer después.

-Tyler, eres muy amable por invitarme a tomar un café- le dijo con amabilidad- pero creo que ya lo dejé claro la semana pasada: no tengo citas en este momento. No estoy de humor.

-Pero tomar una taza de café no es una cita.

-Tyler, no tengo interés en salir contigo- dijo ella, en un tono bien claro, sin piedad.

El hombre la miró con asombro.

-Eso ha sido muy duro- dijo. Parecía que estaba a punto de llorar. Edward hizo un gesto de desdén.

-He rechazo tus invitaciones tres veces, Tyler. Se me ha terminado la cortesía.

El hombre se alejó por la calle, con tanta prisa que estuvo a punto de chocarse contra un contenedor de basura. Bella se volvió para observarlo, con una mirada beligerante. Quizá para el ojo humano resultara despiadada, pero Edward sabía que estaba avergonzada por haberse comportado tan severamente con un hombre tan cándido como un cachorro persistente. Cuando Bella subió las escaleras, él se dio la vuelta y comenzó a caminar por la acera, preguntándose por aquella mujer tan bella que no tenía citas, una mujer que camuflaba lo que era bajo capas de ropa fea, una mujer que era deliberadamente grosera cuando su primer instinto era ser amable.

Bella Swan, Isabella Marie Swan, se estaba escondiendo. Pero, de que? De quien? Él llevaba bailando con Bella meses ya, pero no sabía nada de ella.

-Ha llamado Leah Clerwater- dijo Jessica, dos semanas después- Quiere contratar a tres parejas para que bailen en una fiesta que está organizando. Como hace calor, ha decidido darle una ambientación tropical.

Bella y Edward, Rosalie y Emmett, y la tercera pareja de bailarines, Paul y Rachel, estaban sentados frente al escritorio de Jessica.

-Le gustaría que las chicas llevaran unos trajes al estilo Dorothy Lamour, tropicales, y los chicos taparrabos y pulseras de tobillos. Quiere un baile nativo.

-Oh, por dios!- dijo Paul, cuyo disgusto hizo que su acento alemán fuera más marcado todavía.

-Leah Clerwater es una de nuestras mejores clientas- dijo Jessica- Estoy de acuerdo en que la idea es tonta, pero Leah paga bien.

-Vamos a ver los trajes- dijo Rosalie. Bella había decidido que Rosalie era una muchacha de buen corazón, y casi tan práctica como Jessica.

-Esto es lo que ella ha sugerido- dijo Jessica, y les mostró un dibujo.

El traje de las mujeres dejaba a la vista el ombligo. Era una falda de flores, y un sostén a juego. La larga peluca negra iba decorada con flores artificiales.

Bella intentó imaginarse como estaría con él, y pensó que tendría un buen aspecto. Sin embargo, pensó en la falda.

-Y la falda debe tener la cintura tan baja?

-Si- dijo Jessica- Leah quiere modernizar el tema tropical, y ahora se puede mostrar el ombligo.

-No puedo hacerlo-dijo Bella.

-Le pasa algo a tu ombligo?- preguntó Emmett

-A mi estómago- dijo Bella, con la esperanza de poder dejar las cosas así.

-No lo creo. Se ve que estás en forma- le dijo Jessica con aspereza. No estaba acostumbrada a que le llevaran la contraria.

Bella tenía respeto por su jefa. Sabía que Jessica le iba a pedir una prueba, y era mejor terminar cuanto antes. Los bailarines aprendían a ser prácticos con su cuerpo. Bella se puso en pie bruscamente, se sacó la camiseta de la cintura de los vaqueros y bajó la cremallera para dejar a la vista su vientre.

-Se me vería esto- dijo entonces, manteniendo la voz tan calmada como pudo.

La habitación quedó en silencio mientras los bailarines miraban la cicatriz gruesa e irregular que tenía justo a la izquierda del ombligo. Descendía hasta más abajo del borde de sus braguitas blancas tipo biquini.

-Dios santo!- exclamó Paul- es que alguien intentó sacarte las tripas?

-Una operación- dijo Bella, y se subió los pantalones de nuevo.

-No podemos cubrir eso con maquillaje- dijo Jessica- o si?

Las otras dos parejas y Jessica hablaron sobre la cicatriz de Bella con objetividad, como si fuera un problema que había que resolver.

El debate continuó mientras Bella permanecía en silencio, de brazos cruzados, para contener su agitación. Se dio cuenta de que no oía una palabra de Edward. Lentamente, se volvió a mirar la cara de su pareja de baile. Tenía los ojos verdes llenos de luz. Estaba muy enfadado, pálido de rabia.

La actitud desapasionada de los demás había conseguido que Bella se relajara, pero al ver la rabia de Edward comenzó a sentir una vergüenza familiar. Quería esconderse de él. Y tampoco podía entender eso. Por qué Edward, a quien conocía mejor que a ninguno de los demás bailarines?

-Bella- dijo Jessica- estás escuchando?

-No, disculpa, que?

-Rachel y Rosalie piensan que pueden disimular la cicatriz- le dijo Jessica- estás dispuesta a hacer el trabajo si lo consiguen?

-Claro- respondía Bella, casi sin saber lo que estaba diciendo.

-Muy bien. Entonces, será dentro de dos viernes. Todos empezaréis a ensayar enseguida un número de baile muy largo, un falso polinesio. Saldréis detrás de los malabaristas. Rosalie y Emmett tienen que bailar en una fiesta este sábado por la noche. Paul y Rachel van a bailar en una cena en la finca de los Whitlock, el domingo. Edward y tú tenéis que abrir una noche de baile con una gran orquesta de jazz a beneficio de la unidad de quemados.

Bella quiso sentirse alegre, porque le encantaba bailar al son de la música de una gran orquesta, pero estaba demasiado disgustada por haber mostrado la cicatriz. Que le había pasado? Había echo todo lo posible por ocultarla durante años, y de repente, en una habitación llena de extraños, se la había enseñado a todos.

Y ellos habían reaccionado con bastante calma. No habían gritado, ni vomitado, ni le habían preguntado que había hecho para merecerse aquello. Ni siquiera le había preguntado quien se lo había hecho.

Con asombro, Bella se dio cuenta de que estaba más cómoda con aquel grupo de bailarines que con los estudiantes de la universidad. Sin embargo, muchos de aquellos estudiantes provenían de familias más parecidas a la suya que por ejemplo, la de Rosalie. Rosalie se había graduado en el instituto embarazada, y había entregado el bebé a los abuelos paternos de la criatura. Ahora trabajaba sin parar para poder ahorrar dinero como para comprar una casa. Le había contado a Bella que, si conseguía hacerlo, los abuelos le dejarían tener al bebé los fines de semana. Rachel, una morena pequeña e intensa, bailaba para ahorrar y poder estudiar la carrera de veterinaria. Había visto el estómago de Bella e inmediatamente había empezado a pensar en como arreglarlo. Sin horror, sin preguntas.

El único que había reaccionado con una profunda emoción había sido Edward. Por que se había enfado tanto? Decidió que su pareja de baile sentía desprecio por ella. Con una cicatriz, estropeada, dañada. Bella podría haber hecho caso omiso de la reacción de Edward. Pero siempre había tenido sensación de culpabilidad por no haber conocido el peligro cuando había llamado a su puerta.

Aquella noche, cuando los dos salieron del estudio, Edward comenzó a caminar a su lado.

-Que haces?- le preguntó Bella, después de un par de manzanas. Se detuvo en seco.

-Voy en la misma dirección que tú- respondió él, con la voz calmada.

- Y cuanto tiempo vas a seguir en mi dirección?

-Seguramente, tanto como tú.

-Por que?

Allí estaba de nuevo, en sus ojos, la rabia. Ella se encogió y retrocedió un poco.

-Porque quiero- dijo él, como un verdadero aristócrata.

-Voy a decirte una cosa, amigo- respondió Bella, dándole un golpecito en el pecho con el dedo índice- me acompañarás a casa si yo te lo pido, o si te lo permito, y no solo porque tú quieras. Que vas a hacer si yo no quiero permitírtelo?

-Y que vas a hacer tú si yo quiero acompañarte de todos modos?

-Puedo llamar a la policía.

-Ah, y la policía podrá detenerme?

-Tal vez los policías humanos no, pero hay vampiros en el cuerpo.

-Y entonces no tendrías pareja para baile, a que no?

Aquello era cierto. No, no la tendría. Y como era difícil encontrar vampiros que quisieran ganarse la vida bailado, ella no podría encontrar otra pareja en poco tiempo. Y eso significaba que no podría trabajar. Y si no trabajaba...

-Así que me estás chantajeando- dijo ella

-Dilo como quieras- respondió él- voy a acompañarte a casa.

Entonces, señaló con un gesto de la cabeza en la dirección correcta.

Frustrada, con una sensación de derrota, Bella se puso la bolsa en el hombro. Él tomó el autobús con ella, y se bajó con ella, y llegó hasta su edificio con ella, sin que ninguno de los dos dijera una palabra en todo el camino. Cuando Bella subió las escaleras, él esperó a que ella abriera la puerta y entrara. La vio comenzar a subir los peldaños de la escalera interior, y después se retiró a las sombras hasta que vio encender la luz en el apartamento del segundo piso.

Después de aquello, la acompaño a casa todas las noches, en silencio. En la cuarta noche, le preguntó que tal iban las clases. Ella le contó que había tenido un examen de geología. A la noche siguiente, cuando le dijo que tuviera dulces sueños, sonrió. La “M” de su boca se elevo por las esquinas, y su sonrisa hizo que pareciera un niño.

La sexta noche, una mujer saludó a Edward justo cuando Bella y él bajaban del autobús. Mientras la mujer cruzaba la calle, Bella la reconoció. Era Kate, una empleada de Black Moon. Bella había conocido a la gente de Black Moon, pero hacía lo posible para mantenerse alejada de ellos, tanto de los humanos como de los vampiros. Bella podía aceptar a los bailarines de New Moon como camaradas, pero los bailarines de Black Moon hacían que se encogiera por dentro.

-Eh, que tal estáis? Que hacéis por aquí?- les preguntó Kate.

La mujer tendría unos treinta años, el pelo rizado, castaño, y una cara ovalada y dulce. Era imposible no responder a su alegre saludo. Incluso Edward le dedicó una de sus escasas sonrisas.

-Acabamos de salir del ensayo- respondió él.

-Yo vengo a visitar a mi madre- dijo Kate- parece que está un poco mejor.

Bella sabía que tenía que hablar, porque de lo contrario, parecería una insufrible esnob. “Quizá lo sea”, pensó con tristeza.

-Tu madre está en el hospital?

-No, está en Van Diver Home, dos manzanas más abajo.

Bella había pasado por allí un par de veces, y había pensado que era un asilo muy triste, sobre todo para ser el hogar de gente anciana.

-Lo siento.

-Está en el ala de Alzheimer- dijo Kate, que estaba haciendo un gesto con la manos para quitarle importancia al ver la cara de solidaridad de Bella- si no trabajara para Jessica, no sé como iba a pagar las facturas.

-También trabajas durante el día?

-Oh, si. Todos los días. Y las noches que no trabajo para Jessica, soy camarera de cócteles. Voy corriendo a visitar a mi madre en los descansos. Me alegro de haberos visto.

Y Kate se alejó apresuradamente, haciendo ruido con los altísimos tacones en el pavimento. Se metió en un bar de la siguiente manzana, Bissonet's.

Bella y Edward retomaron el camino hacia el edificio de Bella.

-No es una santa, pero las cosas no son tan sencillas como tú pensabas- le dijo Edward cuando llegaron al portal.

-No, ya me he dado cuenta.

Por impulso, abrazó rápidamente a Edward, y después subió los escalones sin mirar atrás.

Dos semanas después, los tres vampiros de New Moon y las tres mujeres humanas se estaba vistiendo en una habitación de la mansión Clerwater.

Felix y Dimitri, los dos vampiros que trabajaban juntos en las fiestas “especiales” para Black Moon, habían perfeccionado un número de malabarismo. Saldrían los primeros. Se estaban riendo juntos, e iban vestidos solo con el taparrabos de flores.

-Por lo menos, no tenemos que ponernos las pelucas- dijo Felix, sonriendo al mirar los bailarines.

-Parecemos una panda de idiotas- dijo Rosalie sin miramientos. Echó la cabeza hacía atrás y se colocó a la perfección la peluca negra, que le llegaba hasta los hombros.

-Por lo menos, nos pagan por parecer idiotas- dijo Paul.

El conductor que le había llevado a la finca Clerwater, Mike Newton, entró para decirle a Paul que el sistema de sonido estaba preparado. Mike, un ex boxeador, trabajaba a tiempo parcial para Jessica. Rachel y Rosalie le habían dicho a Bella que Mike tenía con Jessica una relación más estrecha que la de empleado y jefa, para asombro de Bella; el ex boxeador no le parecía el tipo de la sofisticada Jessica, pero quizá allí estuviera la atracción.

Bella, que estaba un poco nerviosa por la actuación, comenzó a estirar. Ya estaba vestida para el número, y gracias a Rosalie y a Rachel, su estómago aparecía completamente liso.

Paul había llevado el CD con la música y se la había entregado a la encargada del diseño de la fiesta, una mujer muy serena llamada Heidi. De camino hacia el interior de la finca, Bella se había dado cuenta de que el camino estaba flanqueado de antorchas situadas en postes altos. Los camareros y camareras también llevaban disfraces. Heidi sabía como ambientar una fiesta.

Bella repasó todo el número mentalmente. Edward se puso a su derecha. De camino hacia la puerta con Dimitri, Felix se detuvo a darle un beso en la mejilla para desearle suerte, y Bella le dedicó una sonrisa amable.

-Nerviosa?- le preguntó Edward

-Si

A Bella no le importaba decírselo a él. “Cabeza alta, pecho fuera, hombros erguidos, gran sonrisa, manos bonitas.”

-Bueno, ahora estoy mejor.

-Por que haces eso? Ese pequeño.. ritual

-Es lo que me decía mi madre siempre, cada vez que salía al escenario, desde que tenía cinco años hasta que cumplí veinte.

-Salías mucho al escenario?

-Concursos de belleza- dijo Bella lentamente, como si estuviera contando los detalles de la vida de otra persona- Concurso de talentos. Fuera lo que fuera, yo estaba allí. A mis padres les costaba miles de dólares al año. Ganaba bastante a menudo, lo suficiente como para que el esfuerzo mereciera la pena, al menos para mi padre.

-Tienes hermanos?- le preguntó él, en voz baja.

-Tengo un hermano.

-Es un hombre guapo?

-No- dijo Bella, con tristeza- No, no lo es- es un tipo dulce, pero no es un fortachón precisamente.

-Pero entonces, no ganabas todos los concursos de belleza a los que ibas?- le preguntó Edward, bromeando, para cambiar de tema.

Ella sonrió.

-Gané unos cuantos- dijo, y recordó la vitrina que había comprado su madre para guardar todos los trofeos y coronas.

-Pero no todos?- preguntó Edward, abriendo mucho los ojos para mostrar asombro.

-A veces quedaba segunda- admitió ella, y lo miró de reojo- Y a veces era Miss Simpatía.

-Quieres decir que las otras concursantes pensaban que tú eras la más simpática de todas?

-Las engañaba, eh?

Edward le sonrió.

-Tienes tus momentos.

La dulzura de la boca del vampiro, cuando sonreía, era increíble.

-Me asombras, Edward- dijo Bella son sinceridad, sonriendo.

-Y que significa eso?

Ella agitó la cabeza, sonriendo, y se sintió un poco aliviada cuando Mike llamó a la puerta para indicarles que Heidi le había dicho que era su momento de actuar. Paul los alineó y les echó un último vistazo, haciendo ajustes de último momento aquí y allá.

-El estómago tiene muy buen aspecto- dijo brevemente.

Bella miró hacía abajo.

-Rosalie y Rachel han hecho un buen trabajo- admitió.

Sabía que la cicatriz seguía allí, pero si no la hubiera estado buscando, habría podido pensar que no había una sola señal en su piel.

Después de que Paul terminará con los arreglos de última hora en los trajes y las pelucas, los seis bailarines salieron descalzos por el vestíbulo enmoquetado hasta la puerta del patio, y atravesaron el porche de mármol hacia el jardín trasero de la finca de los Clerwater, iluminado con antorchas. Se cruzaron con Felix y Dimitri, que, cargados con el material que había usado en su actuación, regresaban al interior de la finca.

-Ha ido muy bien- dijo Felix- ese patio es enorme.

-Seguramente es más un jardín que un patio- murmuró Emmett

Paul preguntó:

-Edward, tú te criaste en un lugar como este?

Edward soltó un resoplido,  pero Bella no supo si estaba burlándose de su riqueza anterior, o indicando que su casa había sido del mismo estilo exquisito.

Como Bella era de menor estatura que Rosalie, se colocó en medio de las tres mujeres cuando salieron del porche al jardín para iniciar la actuación.

Con una sonrisa, se colocaron para esperar el comienzo de la música de tambores. Rosalie parecía una persona distinta con una peluca negra. Bella tuvo un segundo para preguntarse si su propia madre la reconocería, antes de que comenzaran los tambores. El número comenzaba con un movimiento de caderas intenso, que producía muy buenas sensaciones. Los movimientos de las manos eran sencillos, y habían practicado innumerables veces para conseguir hacerlo todo al unísono. Bella vio a Rachel adelantándose, y esperó que la luz de las antorchas disimulara el apresuramiento de su compañera. Al mirar de reojo, Bella tuvo un atisbo de un rostro que no hubiera querido ver nunca más.

Todos aquellos años de entrenamientos habían proporcionado una compostura que fue muy útil. Siguió sonriendo, mantuvo el ritmo del baile, y dejó la mente en blanco. Lo único que se permitió pensar fue que, si ni siquiera la familia de Rosalie podría reconocer a la muchacha, con el traje y la peluca, quizá la suya tampoco la reconociera a ella.

Y quizá tampoco Alec Vulturi.
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